lunes, 12 de septiembre de 2011

De la sección Recortar/Copiar/Pegar: El cine mexicano como Monopolio amenazante

¡Tengan miedo, mucho miedo!
Porque el fantasma del 30% de exhibición obligatoria para producciones nacionales amenaza con hacerse ley, abriendo el camino para que el malquerido Cine Mexicano adquiera más espacios en salas de cine dándole una bestial mordida de un 20% más a las producciones extranjeras que compiten "justa" y libremente en el mercado cinematográfico nacional.
Pero teman #nomástantito, porque nuestros queridos legisladores velan por nosotros y se anteponen para resguardar el interés publico, derrumbando el proyecto y manteniendo la cuota mínima... ¿cuál mínima? ¡Máxima! del 10 por ciento obligatorio para exhibición del Cine mexicano. ¿Se imaginan que esta se amplíe y beneficie directamente a un grupo reducido, ya de por sí mafiosón, de productores, directores, guionistas mal pagados, directores de fotografía, de vestuario, arte, utileros, staffs, vigilantes de estudios Churubusco y críticos de cine con un enriquecimiento inexplicable y gestarse como un infame MONOPOLIO cinematográfico que... que... (toma respiración) que no permitiría la libre competencia que nuestro Estado y sus leyes deben garantizar al menos en este terreno de distribución y exhibición cinematográfica, sobre todo para Hollywood, cuya amplia oferta de sus firmas productoras y distribuidoras les dan el irrestricto derecho (porque no hay ningún otro modo de restringirlo, pues) de competir ante la demanda de entretenimiento que hay en nuestra depauperada República Mexicana.

Insólito, ¿no lo creen?
Porque si el público llega al cine a escoger sin influencia alguna de posters espectaculares, machacantes publicidades en televisión, un tren larguísimo de avances de estrenos entre comerciales antes de que la película principal comience, es porque ha costado durante años lograr eso que disfrutamos fuera de foco, medio encuadrado correctamente en la pantalla, gracias a que los legisladores nos protegen de cualquier otra cosa que no sea proyecciones de calidad bajo el resguardo de la libre competencia, evitando el "proteccionismo vil, paternalista y abyecto pro monopolizador" tururú.

¿Seguros?

Pues qué rara apreciación, la verdad. Porque por alguna razón el diputado por el Partido del Trabajo Herón Escobar comenzó a promover la iniciativa de aumentar el mínimo porcentaje establecido para la exhibición de producciones mexicanas, como La Ley Federal de Cinematografía establece:

ARTÍCULO 19.- Los exhibidores reservarán el diez por ciento del tiempo total de exhibición, para la proyección de películas nacionales en sus respectivas salas cinematográficas, salvo lo dispuesto en los tratados internacionales en los cuales México no haya hecho reservas de tiempo de pantalla.

Toda película nacional se estrenará en salas por un período no inferior a una semana, dentro de los seis meses siguientes a la fecha en que sea inscrita en el Registro Público correspondiente, siempre que esté disponible en los términos que establezca el Reglamento.

En lugar de eso, se proponía aumentarlo a un 30%, al igual que aumentar a dos semanas de estreno. Y a pesar de que esa iniciativa de reforma al artículo tuvo un gran apoyo de la mayoría del pleno, al ser recomendada para enviarse a la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía de la Cámara de Diputados, el presidente de la misma, Juan Gerardo Flores, que pertenece al Partido Verde (presuntamente) Ecologista, al igual que a la llamada telebancada, "consideró que la propuesta impone cuotas mínimas para la exhibición de obras nacionales, hecho que afectaría la libre concurrencia y competencia por la disponibilidad de tiempo de exhibición." (La Jornada, 8 de septiembre de 2011) Basándose en lo fundamentado por el siguiente artículo:

ARTICULO 11.- (...)

Los integrantes de la industria cinematográfica se abstendrán de realizar todo acto que impida el libre proceso de competencia y de concurrencia en la producción, procesamiento, distribución, exhibición y comercialización de películas cinematográficas.

La Comisión Federal de Competencia investigará, resolverá y sancionará, de oficio o a petición de parte, toda práctica monopólica o concentración que ocurra dentro de la industria cinematográfica nacional, sin perjuicio de lo que establece esta Ley.
Dentro de esos términos, Gerardo Flores afirma:

De tal forma que al ser la libertad de comercio irrestricta, cualquier limitación al ejercicio de este derecho y que no tenga por objeto la protección contra prácticas que la limiten (monopolios o prácticas desleales), como es el caso de restringir la libre oferta y demanda de películas cinematográficas, será motivo de violaciones a dicha garantía individual y, por ende, atacable en vía de amparo ante los tribunales federales.
 Los reporteros de la Jornada resumen en su artículo que:

El dictamen negativo insiste en que si bien no se coarta el derecho a dedicarse a un trabajo lícito, también es cierto que la violación a la garantía constitucional establecida en el Artículo 5° constitucional, esto se actualiza en el momento en que se establece un supuesto beneficio a un grupo de personas (productores, directores, guionistas y actores mexicanos) en perjuicio de la colectividad general, que se entiende como el público asistente a las salas de cine, que es el grueso de la población, así como los demás sectores de la industria cinematográfica”.
Es decir, se entiende que la propuesta impide la posibilidad de decidir, seleccionar y preferir películas, que al juicio o al gusto de los cinéfilos incluyan tema, novedad y originalidad, y principalmente calidad.
Los argumentos contra la iniciativa se multiplican porque ésta limitaría la disponibilidad de tiempo de exhibición en las salas de cine, imponiendo y ampliando el porcentaje mínimo de exhibición.
 Y Gerardo Flores remata diciendo:


Por no ser lógicas ni razonables, este tipo de disposiciones no existen en otras industrias culturales y de entretenimiento. Por ejemplo, no se impone a los canales de televisión un porcentaje mínimo de contenido nacional, ni se obliga a las casa editoriales o librerías a cumplir con dicha cuota de productos nacionales... La preferencia del público es y debe ser el único criterio para definir el tipo de películas ofrecidas y su plazo de permanencia en cartelera.
A estas alturas, no tenemos un contra argumento de parte del diputado Herón Escobar, pues esta afirmación ha sido tajante y aparentemente inamovible como para volver a presentar la iniciativa sin afectar el interés público de quienes deciden "abiertamente" qué película ver ante la ampia oferta de películas, sobre todo de origen estadounidense. Esta decisión, por mucho que no lo quiera parecer, deja de nueva cuenta la balanza inclinada para que las distribuidoras del cine norteamericano se beneficien abiertamente sin mayor restricción.
Ahora, a cuento de que "este tipo de disposiciones no existen en otras industrias culturales y de entretenimiento" para otorgar mayores preferencias a la producción nacional, tenemos el caso de Argentina, ni más ni menos, cuya política cultural en beneficio a su industria cinematográfica es radicalmente distinta a la que se maneja en nuestro país. Aparte del apoyo económico desde el estado que recibe para la producción de películas, a finales de agosto de este año, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) acaba de aprobar una iniciativa para cobrar más impuestos de exhibición a aquellas distribuidoras internacionales conforme aumente la cantidad de copias de sus películas sobre la cantidad de boletos que se vendan para su beneficio, de forma diferenciada y con especificaciones no sólo en la capital, sino también por cada provincia de Argentina.
Para esto, la resolución Nº 2114/2011 publicada en el Boletín Oficial, se emite para proteger su cine nacional bajo la consideración de que:

"éste es una manifestación artística y expresión creativa, y, por lo tanto, un elemento básico de la entidad cultural del país." Además, el Instituto alega que su contribución al avance tecnológico, al desarrollo económico y a la creación del empleo son elementos suficientes para que el Estado establezca las medidas necesarias para su fomento y promoción.
No se detiene a pensar que "propiciaría" la creación de un monopolio de cine argentino auspiciado por el mismo Estado porque:
En la regulación, expresa que lo que viene ocurriendo en la práctica perjudica a los derechos de competencia y acusa a dichas distribuidoras de tener una presencia “cuasimonopólica” en las pantallas.
Mediante esta nueva medida, se busca, sin acudir a prohibiciones, “desalentar la actitud de las grandes empresas distribuidoras internacionales de causar sobre el espectador la sensación de que no existe otra producción que ver”.
En México, la avasalladora cantidad de películas norteamericanas, cuyos estudios producen constantemente durante todo el año completo, llegan abiertamente a las salas exhibidoras con un amplio margen de copias, un gran soporte publicitario no sólo con los acostumbrados avances y espectaculares en la ciudad, sino con el manejo de licencias exclusivas para comercializar la franquicia cinematográfica de temporada en otros productos. A pesar de que se ha aumentado la cantidad de películas mexicanas producidas directamente o por los apoyos de las figuras de financiamiento que hay en el IMCINE y el uso (limitado) del ISR para producción, el promedio demuestra que nunca se tiene el apoyo suficiente no sólo para empezar y terminar un proyecto cinematográfico y tener unas cuantas copias para exhibir en salas, ni siquiera alcanza para competir directamente a nivel de publicidad que el cine norteamericano sí tiene por su cuenta. Y no es que me queje de que en el McDonald's o Burguer King no me den un vaso o un juguete con la figura del Cochiloco de El infierno, por ejemplo, o una lonchera de Chicogrande, un traje de baño o productos de pesca con Alamar, unas esposas sexys para fantasear con la pareja al Presunto culpable, una línea de ropa para echar tiros al aire con Miss Bala, trajecitos de colegiala de Perras, ni tapetitos para mis sesiones de yoga con alguna imagen de Interno, etc., etc. Sencillamente Gerardo Flores (PVEM) se da el lujo de no tomar la referencia de las legislaciones de otros países latinoamericanos que sufren del mismo problema y que los han podido sobrellevar ajustando sus políticas culturales sin pensar necesariamente en el beneficio comercial que existe en la "libre competencia", pero sí privilegiando el fomento al empleo y la riqueza cultural de una nación. En cambio, cierra las puertas a esta nueva propuesta de reforma al artículo 19 de la Ley de Cinematografía por considerar que el 10% de cuota de exhibición, la única semana que muy pocos respetan a cabalidad, y el modo inequitativo en que las copias son repartidas en el país, son suficientes para competir directa y abiertamente con el cine norteamericano en una justa competencia de "libre mercado" anti monopólico.
Pero no nos vayamos tan lejos. Ismael Flores, en la página vivirmexico.com, rescata una iniciativa local de la industria editorial del libro, dirigiéndose al diputado Gerardo Flores diciendo:

Parece haber olvidado que, de hecho, sí existen este tipo de disposiciones en otras industrias, culturales o no, y que más allá de implicar una metida de mano por “Papá Gobierno”, son medidas para permitir que las empresas mexicanas tengan mayor oportunidad a la hora de competir. Tal es el caso de la Ley de Precio Único de Libros que busca, a través de la estandarización de un costo —fijado por las editoriales e importadoras, y nadie más— permitir que la competencia cambie de terreno, de la “guerra de descuentos” a la focalización de un cierto tipo de libros, la atención personalizada u otros factores en el servicio que permiten a los libreros mexicanos generar empleos y competir contra las grandes cadenas libreras y los supermercados.
Ahora, ante este panorama, puede parecer que el diputado Gerardo Flores omite a propósito estas referencias o que de plano las ignora, beneficiando directamente la competencia de otras industrias que se llevan carretadas de ganancias a su país de origen. Los casos taquilleros recientes como No eres tú, soy yo, El Infierno y Presunto culpable, dejando de lado su variable calidad, no son suficientes como para constatar la consolidación de una industria que funcione con los límites establecidos por la Ley de Cinematografía. Es indudable que se necesita un mayor margen de porcentaje de exhibición (que se viene arrastrando desde 1992) junto con las dos semanas en salas, pues abrirá espacio para que ese número creciente de producciones mexicanas tengan mayor alcance y tiempo de exhibición garantizado sin tener que limosnear los pocos rincones que se les puedan conseguir, y no se diga que probablemente aumente un poquito más la generación de empleos para toda la pléyade de gente de cine que batalla por tratar de vivir legalmente del oficio para el que se ha preparado, en todos los niveles que existen en la actualidad. Así que la comunidad cinematográfica tiene que volver a impulsar esta reforma e imponer argumentos que convenzan a la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía en aplicar este nuevo porcentaje, pues no se busca la creación de un monopolio protegido por el Estado mexicano, sino que es para consolidar una industria que sigue siendo golpeada por no poder acceder al espacio natural que le corresponde: las salas de cine mexicanas.

***

Una pequeña actualización ni tan actual, mero referente.
Desde la anterior edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, ya se sabía de la propuesta legislativa por parte del Herón Escobar, que fue lanzada desde septiembre de 2010. Aunque en resúmen, hubo el beneplácito de la comunidad cinematográfica en torno a la propuesta, solamente  Alejandro Ramírez, presidente del FICM y de la cadena Cinépolis, mostró su desacuerdo ante la iniciativa, y colocó un argumento ante ella:

“Distorsiona completamente lo que el público quiere ver. El problema del cine mexicano no es ese. Está mal entendido pensar que con dos semanas, por decreto, todas las películas mexicanas van a recuperar. En 2009, de los filmes mexicanos 91% no hubiesen recuperado ni con el 100% de la taquilla, porque tienen un problema de atracción de público y éste es el que decide la permanencia en cartelera. “Sólo al cine mexicano le hacemos concesiones especiales, y concretamente a óperas primas y segundos largometrajes; no podemos extenderlo a todo el cine mexicano ni a otras cinematografías, por una cuestión del número de títulos que se estrenan en el país. En 2009 se estrenaron 320 cinta en total, y divididas entre las 52 semanas que se tienen al año, da seis estrenos semanales, y el conjunto tiene ocho pantallas en promedio. Es imposible sostener todas las cintas.”

Critica el artículo 226 de Impuesto Sobre la Renta (Eficine), pues “aunque es un gran estímulo fiscal, adolece de controles de calidad”, y celebra “que por este impuesto se haga mucho cine, pero no todo lo que se produce es de calidad”. Según el empresario, falta autocrítica: “Todo mundo cree que su película es una joya, y porque el realizador la rodó con mucho entusiasmo y le echó todas las ganas todo el mundo va a estar interesado en verla, y la verdad es que no es así siempre. Se tiene que pensar más en el público, porque a veces no se conecta con el proyecto. Es raro que un cineasta sea autocrítico y diga: ‘Creo que a mi película le falló esto...’, siempre le echan la culpa a los exhibidores, y es una salida fácil, no la explicación real de por qué muchas cintas no funcionan.” Propone que haya apoyos para la distribución, “que Eficine y Fidecine tengan también una bolsa que ayude a las películas del país para que tengan algo de pauta publicitaria, para que puedan hacer el copiado, etcétera”. Y niega rotundamente que él obedezca las políticas de las majors. (Columba Vértiz, en Proceso, 29 de octubre de 2010).
Sin "darle cova" a Alejandro Ramírez, les dejamos la bolita a los cineastas para que sean autocríticos. Sí es necesario que se conecten con un público que, a pesar de que sí les llega a gustar el cine nacional, algunos muestran signos de hartazgos ante las propuestas actuales; la cuestión es generar industria. Lo que también es clave es que debe haber un apoyo integral. Muchos de los proyectos, si no sólo buscan el apoyo para producirse y poder terminar su proceso ulterior, que es la postproducción (edición, corrección de color, mezcla del sonido definitivo; procesos que en sí son muy caros también) apenas llegan a una copia final o con pocas copias para ser exhibidos, careciendo de un plan publicitario que tan siquiera haga del conocimiento público qué es lo que se va a estrenar. El 30% de cuota de exhibición, más las dos semanas obligatorias de estreno, junto con un respeto verdadero de las exhibidoras para que se cumpla tal legislación en caso de aprobarse (ojalá que sí) hablarían de un apoyo de todas las áreas que comprenden todo el complejo que es una industria. Insisto, no sólo es producir películas, sino también distribuírlas y exhibirlas. A final de cuentas, los apoyos gubernamentales los convierten en un patrimonio nacional. Y esa amplitud que se propone para exhibición, abre las puertas a que los proyectos apoyados por el estado encuentren su espacio natural que son las salas de cine nacionales, que también se llegue a ampliar la cantidad de proyectos producidos y entren a trabajar toda una pléyade de gente que se ha dedicado a prepararse a hacer cine mexicano en todos los géneros posibles. Las majors seguirán con sus estrategias de venta por los compromisos que arrastran de los estudios a los que pertenecen, y en sí, el mercado mexicano es bastante jugoso y cautivo para ellos. La ventana de ventaja y oportunidad que se propone es sana, en realidad. Tampoco existe la capacidad de "cerrar fronteras" al cine hollywoodense para cubirir el vacío que se dejaría con las producciones mexicanas. Simplemente es un camino que se requiere para tener una industria cinematográfica sana que retribuya incluso al Estado mismo y no se convierta en una arca presupuestal que se desfalca año con año y no encuentra retribución en una cadena de negocio que también es el cine por su cuenta.

Entonces, que la comunidad cinematográfica siga apoyando estas propuestas, que las asesore, que rompa el cerco de la telebancada legislativa que impide su desarrollo, que siga haciendo cine, espejo tan necesario para nosotros en lo oscurito de las salas, así como en las casas de cada uno de nuestros hogares.

2 comentarios:

Juayitl dijo...

Papá gobierno no tiene que venir a resolvernos nada, simplemente tiene que dejar de ser una puta más de la industria ("cultural") norteamericana... y del despiadado modelo de ultra-capitalismo que nos ha llevado a donde estamos.

Filmofilias dijo...

Ciertamente, Juayitl. Con esas actitudes, solamente se sigue beneficiando directamente a la industria norteamericana, que se lleva demasiadas buenas ganacias con sus producciones.
¡Un saludo y gracias por tu coemntario!